From Ortisei to San José

two Via Crucis from Suflesser's workshop: This is the titel in the news "Semana Santa en familia". We realized two Via Crucis Customized in San José.

De Ortisei a San José. Dos Vía Crucis del taller de Stuflesser

 

Carmela Velázquez Bonilla

Rosa Elena Malavassi Aguilar

 

Es muy importante para todos nosotros conocer nuestro patrimonio  a nivel de las imágenes religiosas que están en nuestros templos, por eso nos hemos dedicado  a investigar al respecto para poder obtener una información que ayude a valorar estas piezas y de esa forma también que los apreciemos en todo lo que valen. Así cuando entremos en un templo podemos observarlas con más conocimiento aprehender que sí tenemos un patrimonio digno de admirar.

En este trabajo analizaremos dos Vía Crucis, que vinieron desde el taller de imaginería de Ferdinand Stuflesser.  Este taller fue fundado en 1875 en las Dolomitas, no lejos del paso de Brenner en el Valle de Gardena, al norte de Italia. El taller ha continuado trabajando por más de 130 años y al frente de él se mantiene la misma familia, que ya tiene cinco generaciones de conducirlo. Se considera que esta firma es la que tiene más años de experiencia y existencia en la zona del Valle de Gardena.

 

Numerosos pedidos desde Costa Rica

 

En la primera mitad del siglo XX vinieron a Costa Rica varias imágenes, conjuntos escultóricos, retablos, altares, pasos, barandas, púlpitos, confesionarios, santo sepulcros y relieves, entre otros. Muchos de estos pedidos fueron realizados por medio de los padres Juan Köch Veristeffen, de origen alemán y de la orden de los paulinos que vino como profesor al Seminario Mayor, y también por intermedio del presbítero Teófilo Enrique Kern, también alemán y miembro del cabildo Metropolitano. Tanto en idioma alemán o en idioma italiano, los padres Köch y Kern ayudaban a realizar los pedidos, como se demuestra en los libros de contabilidad que se conservan en el taller de Stuflesser. Ahí se puede comprobar, aparte de los pedidos, la moneda que se usó, cómo se transportaban, desde los puertos en que salían para venir a Costa Rica y también que la agencia aduanera fue Felipe J. Alvarado.

El Vía Crucis es una devoción que alude al recorrido que realizó Jesús desde que fue capturado hasta su crucifixión y su posterior sepultura. El término también puede mencionarse como vía crucis, una expresión latina que puede traducirse como “camino a la cruz”. Está compuesto por catorce estaciones, que generalmente se colocan en los muros de las iglesias.

El cura de la Soledad en 1923 solicitó por medio de Juan Köch, que como ya señalamos era profesor del Seminario Mayor, un Vía Crucis al taller de Stuflesser. Este medía de 110 a 115 centímetros con un costo de 8400 francos, compuesto de 14 consolas de madera de roble a 200 francos cada una, y 14 piezas superiores, igualmente de roble, a 320 francos cada una, para un costo total de 16140 francos. Entre las especificaciones se incluyó que las leyendas se hicieran en español. Como pago inicial se mandaron $1.000, que equivalían a 13900 francos, por lo tanto quedó un saldo de 2240 francos. Además, su embalaje tuvo un costo de 500 francos. Para comprender mejor el precio de estas obras de arte trataremos de dar un precio aproximado a los valores actuales. De acuerdo con estas cifras, convirtiendo los francos a dólares, el precio total del Vía Crucis fue de $1161.15,  y esto convertido al tipo de cambio del momento, que era de ¢4.00 por dólar, suma un monto aproximado de ¢1161.15.

Sus imágenes están en relieve y cada una está elaborada a mano. Como se señala, está dividido en dos partes y no tiene fondo incluido, sino que está colocado directamente en la pared. Aún se mantiene en La Soledad y se encuentra en perfectas condiciones. En las dos fotos adjuntas se pueden observar los detalles que señalamos y la excelencia de las imágenes.

 

El Vía Crucis de la Catedral Metropolitana

 

El otro Vía Crucis que analizaremos es de la Iglesia Catedral Metropolitana, fue traído por intermediación del padre Enrique Kern, miembro del cabildo catedralicio de ese templo, desde el mismo taller de Stuflesser. Tiene la particularidad de que no todas las estaciones tienen el mismo formato ya que la catedral es más baja en su parte oeste, por lo que las estaciones siete y ocho son menos altas y más alargadas como se puede observar en las fotos que se adjuntan. Las catorce estaciones están compuestas de grupos escultóricos tallados en madera en formato de alto relieve, como lo señala el libro de cuentas del taller Stuflesser. Sus medidas incluyendo la cruz, son de 235 cm de ancho y  de 123 cm de alto.  El alto de la cruz 210 cm y 188 cm el travesaño.

Todo está hecho de madera de cedro centroamericano, que fue adquirida personalmente por Brat Opa en Hamburgo. Esto es muy interesante, porque existe el mito que al taller de Stuflesser llegaban grandes cantidades de madera costarricense para elaborar las imágenes, pero en realidad de la única madera que se encontró el dato fue de este Vía Crucis, en el libro de cuentas se indica que son maderas centroamericanas, no especifica si de Costa Rica o de otro de los países del istmo.

Las figuras son de 90 cm y en alto relieve, los esculturas de los romanos están enriquecidas con mate real y brillantes. El Vía Crucis vino por Puerto Limón y su costo, según la misma fuente ya mencionada, fue de $3780 ($270 cada estación) y el transporte $472, la orden de pedido se realizó en octubre de 1934, y los pagos se enviaron por el Royal Bank of Canadá, el primero el 23 de marzo de 1935 por $1068 y el segundo el 6 de junio del mismo año por $2500. De acuerdo al precio del dólar en ese momento, podemos hablar de $4252 en total, incluyendo el transporte, que al tipo de cambio del momento era de ¢ 6.7 por dólar, por lo que este monto en colones fue de ¢28.488.4.

Las catorce piezas se conservan en la Catedral y se encuentran en perfectas condiciones, en ellas se puede observar el maravilloso trabajo en madera policromada.

Para Elías Zeledón, en su libro “La Navidad Costarricense”, las imágenes de Stuflesser impactaron a muchos imagineros costarricenses, quienes pronto se inspiraron en ellas para tallar y policromar las propias, por lo que es común ver en sus obras alguna influencia, sobre todo, en la policromía de las telas a rayas, técnica que se aprecia en la obra de varios maestros como José Valerio, José Rigoberto (Pepe) Zamora y especialmente Manuel María Zúñiga y Hernán Hidalgo H.

Esperamos que este trabajo nos lleve a apreciar mejor nuestro valioso patrimonio religioso.

 

From Ortisei to San José. Two Stations of the Cross from Stuflesser’s workshop

 

Carmela Velázquez Bonilla

Rosa Elena Malavassi Aguilar

 

It is very important for all of us to know our heritage at the level of the religious images that are in our temples, that is why we have dedicated ourselves to investigate about it to be able to obtain information that helps to value these pieces and in that way also that we appreciate them in all that they are worth. Thus, when we enter a temple we can observe them with more knowledge and apprehend that we do have a heritage worth admiring.

In this work we will analyze two Stations of the Cross, which came from Ferdinand Stuflesser’s imagery workshop.  This workshop was founded in 1875 in the Dolomites, not far from the Brenner Pass in the Gardena Valley in northern Italy. The workshop has been in operation for over 130 years and is run by the same family, which has been running it for five generations. This firm is considered to have the longest experience and existence in the Gardena Valley area.

Numerous orders from Costa Rica

In the first half of the 20th century, several images, sculptural sets, altarpieces, altars, steps, railings, pulpits, confessionals, holy tombs and reliefs, among others, came to Costa Rica. Many of these requests were made through Fathers Juan Köch Veristeffen, of German origin, and the Pauline order who came as a professor to the Major Seminary, and also through the priest Teófilo Enrique Kern, also German and a member of the Metropolitan Council. Both in German and in Italian, Fathers Köch and Kern helped to carry out the orders, as is shown in the accounting books kept in Stuflesser’s workshop. There you can see, apart from the orders, the currency used, how they were transported, from the ports where they left to come to Costa Rica and also that the customs agency was Felipe J. Alvarado.

The Way of the Cross is a devotion that alludes to the journey that Jesus made from the time he was captured until his crucifixion and subsequent burial. The term can also be mentioned as via crucis, a Latin expression that can be translated as “way of the cross”. It is composed of fourteen stations, which are usually placed on the walls of churches.

The priest of La Soledad in 1923 requested through Juan Köch, who as we already mentioned was a professor at the major seminary, a Via Crucis from Stuflesser’s workshop. This measured 110 to 115 centimetres at a cost of 8400 francs, consisting of 14 oak consoles at 200 francs each, and 14 higher pieces, also made of oak, at 320 francs each, for a total cost of 16140 francs. The specifications included that the legends should be in Spanish. As an initial payment, $1,000 was sent, equivalent to 13900 francs, leaving a balance of 2240 francs. In addition, its packaging cost 500 francs. To better understand the price of these works of art we will try to give an approximate price to the current values. According to these figures, converting the francs to dollars, the total price of the Way of the Cross was $1161.15, and this converted at the exchange rate of the moment, which was ¢4.00 per dollar, adds up to an approximate amount of ¢1161.15.

Their images are in relief and each one is handmade. As noted, it is divided into two parts and has no background included, but is placed directly on the wall. It is still kept in La Soledad and is in perfect condition. In the two attached pictures you can see the details we pointed out and the excellence of the images.

The Via Crucis at the Metropolitan Cathedral

The Via Crucis that we will analyze is from the Metropolitan Cathedral Church. It was brought by Father Enrique Kern, a member of the cathedral chapter of that temple, from Stuflesser’s workshop. It has the particularity that not all the stations have the same format since the cathedral is lower in its western part, so the stations seven and eight are less high and more elongated as can be seen in the photos attached. The fourteen stations are composed of sculptural groups carved in wood in a high relief format, as shown in the Stuflesser workshop’s account book. Their measurements, including the cross, are 235 cm wide and 123 cm high. The height of the cross is 210 cm and the crossbar 188 cm.
Everything is made of Central American cedar wood, which was personally purchased by Brat Opa in Hamburg. This is very interesting, because there is a myth that large quantities of Costa Rican wood arrived at Stuflesser’s workshop to make the images, but in reality the only wood that was found was from this Way of the Cross. The account book indicates that these are Central American woods, it does not specify whether they are from Costa Rica or another of the countries of the isthmus.
The figures are 90 cm and in high relief, the sculptures of the Romans are enriched with real matt and glossy. The Way of the Cross came through Puerto Limon and its cost, according to the same source already mentioned, was $3780 ($270 each station) and transportation $472. The order was placed in October 1934, and payments were sent through the Royal Bank of Canada, the first on March 23, 1935 for $1068 and the second on June 6 of the same year for $2500. According to the price of the dollar at that time, we can speak of $4252 in total, including transportation, which at the exchange rate of the time was ¢6.7 per dollar, so this amount in colons was ¢28.488.4.
The fourteen pieces are preserved in the Cathedral and are in perfect condition, in them you can see the wonderful work in polychrome wood.
For Elias Zeledon, in his book “La Navidad Costarricense” (Costa Rican Christmas), Stuflesser’s images impressed many Costa Rican imagers, who were soon inspired by them to carve and polychrome their own, so it is common to see in his works some influence, especially in the polychrome of the striped fabrics, a technique that can be seen in the work of several masters such as Jose Valerio, Jose Rigoberto (Pepe) Zamora and especially Manuel Maria Zuniga and Hernan Hidalgo H.
We hope that this work will lead us to better appreciate our valuable religious heritage.

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